Cuando hemos tenido una experiencia personal con Jesús, comprendemos que el mayor anhelo del corazón de Dios es que podamos conducir a muchos a la salvación.
Un ganador de almas es una persona que ha convertido el “ganar” en su estilo de vida.

Para poder cumplir la Gran Comisión no podemos conformarnos con ganar de vez en cuando, sino que necesitamos hacerlo todos los días.
Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!
Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.
(1a. Corintios 9:16-17) RVR1960
